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Hace tiempo que el vehículo eléctrico está siendo fabricado en número suficiente como para que su coste sea asequible. La disminución del precio de las baterías, la elevada demanda y las políticas públicas a favor de la electrificación, son factores que intervienen en su implantación en nuestras calles, donde ya lo estamos notando.

Sus nulas emisiones, el casi inapreciable sonido cuando pasa a nuestro lado o, los que tienen la suerte de tener uno, el alivio en el bolsillo, son alguno de los motivos para adquirir un eléctrico en lugar de un térmico.

Pero, ¿de qué depende que el vehículo eléctrico sea un éxito en el siglo XXI o que se hunda a plomo como ya ocurrió a principios del XX? Ciudadanos más concienciados con su entorno y su salud, una red eléctrica estable, y una tecnología desarrollada harán de 2018 el año del vehículo eléctrico.

El coste de la batería, la eficiencia por kWh y la densidad energética

Comparados con un vehículo térmico, el mantenimiento de los vehículos eléctricos es mucho más asequible. El eléctrico no cuenta con numerosos elementos que encarecen el cuidado y reparación. No necesita aceite de motor (ni filtro), tampoco caja de cambios, filtro de aire, filtro de carburante, correa de distribución o correa de accesorios.

Sin embargo, el vehículo eléctrico tiene un elemento que encarece bastante la inversión inicial: la batería. Se trata de un elemento de tecnología punta altamente optimizado para la conducción y que ha tenido que ser desarrollado en tiempo récord. Debido a ello, tiene un sobrecoste de I+D que no encontramos en otros vehículos más antiguos y poco eficientes. Pero hay buenas noticias.

Hay varios informes de mercado interesantes, como los realizados por McKinsey en 2016 y Morgan Stanley en 2017. Ambos con datos muy similares, y de los que arriba podemos ver los resultados de McKinsey. El precio del kWh se ha desplomado en los últimos ocho años. A finales de 2016 y comienzos de 2017 el coste de fabricación era de 150 dólares/kWh, y bajando. Esto supone un descenso del 85% en menos de una década.

Esta bajada es todavía mayor si tenemos en cuenta la eficiencia de los motores. Un kWh de 2010 nos permitía recorrer cerca de ocho kilómetros, pero a finales de 2018 tendremos recorridos de más de diez. Esto es significativo si tenemos en cuenta que los vehículos eléctricos ya se amortizan rápidamente con el bajo coste de la electricidad en comparación con el combustible.

La densidad energética es otro factor importante a tener en cuenta debido a que todos los vehículos tienen que “cargar consigo mismos” para circular. Si se logra que los mismos kWh ocupen menos espacio y pesen menos, aumentaremos la autonomía sin necesidad de aumentar la eficiencia o aumentar kWh.

En 2015 el Departamento de Energía de EEUU publicó una tabla (arriba) que demostraba cómo esto llevaba ocurriendo desde hacía una década, así como su expectativa futura. Vamos por buen camino, y esto cala en los gobiernos.

Las necesarias ayudas al vehículo eléctrico

En marzo de 2018 se produjo un hecho interesante en Noruega. Sin contar coches híbridos o eléctricos enchufables, se vendieron 5.322 coches eléctricos a batería, suponiendo el 37,3% de la cuota de mercado. Ya se puede decir que en este país nórdico, que prohibirá las ventas de cualquier térmico en 2025, uno de cada tres coches es 100% limpio.

La política del gobierno ha sido clave en esta evolución que ha depreciado el modo en que los ciudadanos ven el vehículo térmico. A esto se suma una política de ayuda a la reducción de IVA y otro tipo de ventajas, como la exención ante algunos impuestos y tasas municipales.

Hay una relación directa entre las ayudas de los distintos gobiernos y la penetración del eléctrico.

Trayendo los datos a España, podemos ver cómo ha evolucionado la red de puntos de recarga en tan solo dos años si tomamos como ejemplo Electromaps. Casi se han duplicado los cargadores públicos. Además, los vehículos eléctricos han conseguido ayudas interesantes, como el estar exentos del impuesto de matriculación y una reducción del 75% en el IVTM en muchos municipios.

El Plan MOVALT o el Plan VEA de 2018 son apoyos importantes que destacan la gran demanda de vehículos eléctricos, una demanda que no deja de crecer. Como ejemplo, el Plan MOVEA de 2016 matriculó 47 vehículos eléctricos antes de agotarse, y un año después se agotó a las pocas horas de salir con 133 coches eléctricos. La demanda es explosiva, los ciudadanos quieren eléctricos.

Tomando los últimos años, en España hubo un aumento de ventas anuales en 2016 de un 51,6%; y en 2017 de un 82,7%. Conscientes de nuestra responsabilidad en el medio ambiente y del problema del cambio climático, estamos cada vez más interesados en este tipo de movilidad.

¿Por qué 2018 como año de despegue del vehículo eléctrico?

En 2020 muchas ciudades de Europa no permitirán la entrada a los vehículos que más contaminen a su núcleo urbano. Madrid, Barcelona, Oviedo o San Sebastián, por mencionar algunas españolas, se unen a Milán, Dublín, Londres, Roma, Ámsterdam o Bruselas, entre otras. Quedan menos de dos años para esto, y ya hay ciudades (como Ámsterdam, abajo) que han restringido la entrada a los vehículos con más emisiones.

A finales de 2016 llegaba a Madrid la flota eléctrica de emov de la mano del Citroën C-Zero, desplegando 500 vehículos en modalidad de carsharing. No solo los madrileños han tenido la oportunidad de subirse a un eléctrico, ya que numerosos viajeros se han registrado en la aplicación y han hecho uso de los coches. Debido a la alta demanda, la flota cuenta ahora con 600 unidades.

Este tipo de movilidad urbana ha puesto sobre la mesa que es posible una flota electrificada, y numerosos pasajeros tienen ahora un eléctrico en mente. Una vez te subes a uno, percibes la calma que transmite, y eliminas ese miedo infundado a quedarte sin batería, la elección es obvia. Cuando conduces un vehículo eléctrico, los vehículos térmicos se convierten en una segunda opción.

El Citroën C-Zero antes mencionado es uno de los más asequibles de su segmento. Desde 18.990 euros (batería incluida junto con 5 años de garantía) dispone de 150 km de autonomía real. Este vehículo, de marca española, tiene un gasto en circulación de menos de 1,5 euros a los 100 km y se ha convertido en un referente mundial en movilidad. ¿Qué térmico puede decir eso?

2018 va camino de convertirse en el año en que los vehículos eléctricos despegan. En otros países como Noruega hemos visto que ya lo han hecho. Para 2019 cerca del 50% de sus matriculaciones serán limpias. En España solemos ir un par de años por detrás en este tipo de productos, por lo que se espera que las ventas de eléctricos mejoren mucho, lo que supone un alivio para el medio ambiente.

Imágenes | Prensa emov, FaceMePLS