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Que el futuro de la automoción pasa por el coche eléctrico es algo que ya tenemos asumido. Tanto las instituciones públicas de todo el mundo como las empresas del sector (fabricantes, energéticas, instaladores…) son conscientes de ello, y ponen toda la carne en el asador para acelerar la implantación de la movilidad eléctrica. En definitiva, que el coche eléctrico se convierta en un objeto de masas.

En este contexto juegan un papel fundamental los fabricantes que apuesten por compactos urbanos, como el Citroën C-Zero. Se trata de un coche eléctrico pensado para satisfacer las necesidades de un usuario medio; un utilitario urbano y polivalente que nos servirá para ir a trabajar, llevar a los niños al colegio, hacer la compra o cualquier actividad de ocio. En definitiva que nos ayude en nuestras necesidades diarias, y el hecho de que se trate de un compacto eléctrico resuelve muchos de los inconvenientes de movilidad con los que nos podemos encontrar en la ciudad de hoy (especialmente ante los protocolos anticontaminación).

Economías de escala para fabricar mejor y más barato

El ahorro en combustible, los incentivos fiscales o el menor mantenimiento de los vehículos eléctricos ya son barreras de acceso que dejamos atrás hace tiempo. En la actualidad, el foco se encuentra en la mejora de las infraestructuras de recarga. A medida que estas últimas mejoren y se extiendan, más conductores se plantearán la posibilidad de dar el salto al vehículo eléctrico.

Cuando la demanda de vehículos eléctricos crezca a niveles similares a los que lo hace la automoción convencional, la industria podrá aplicar economías de escala como ya viene ocurriendo en esta última. Esto significa que, cuanto mayor sea la producción de vehículos eléctricos, más barata será cada unidad producida. Por ejemplo, no es lo mismo dividir el coste de diseñar un modelo de batería entre mil unidades vendidas que si finalmente se venden un millón; ese diseño habrá salido más barato al fabricante, y por tanto el coste repercutido en cada unidad será menor.

Este ejemplo no se ha escogido de forma casual. El cada vez menor coste de las baterías explica en gran medida que los coches eléctricos comiencen a ser más asequibles. Según el estudio Electric Vehicle Outlook 2018 de Bloomber NEF (un interesante vistazo al futuro inmediato de la industria y el mercado de la automoción eléctrica), el coste de las baterías era en 2009 de 1.000 euros por cada kilovatio hora; diez años después, el coste en sitúa en 200 euros por kW/h, bajando de forma exponencial año tras año. Sólo con esta reducción de costes, el estudio prevé que el precio del vehículo eléctrico igualará al del vehículo convencional en 2025.

Pero es que no solamente tendremos baterías más baratas, también contarán con una mayor autonomía. Y es que esa es otra de las ventajas de las economías de escala: los fabricantes podrán aumentar un inversión en I+D. Ello permitirá mejorar a pasos agigantados las distintas tecnologías que se aplican en la movilidad eléctrica. El futuro de los coches eléctricos pasa efectivamente por baterías más baratas, eficientes y ligeras (estado sólido, bipolares, litio-azufre…) pero también por formas de recarga más rápidas y cómodas (carga superrápida, inducción eléctrica…) e infraestructuras más extendidas (electrolineras, puntos vinculados en el hogar…).

Cargar nuestro coche no será un problema sino una ventaja

Otras frases que oiremos serán las de “la batería no me llegará para todo el día” o no podré cargarlo cuando lo necesite”. Ya se ha demostrado sobradamente que la autonomía de cualquier vehículo eléctrico del mercado permite aguantar toda una jornada sin necesidad de cargar (los españoles hacemos menos de 30 kilómetros al día de media y compactos como el C-Zero cuenta con 150 de autonomía).

En cuanto a la necesidad de recargarlo, la solución vendrá más por un cambio de mentalidad por nuestra parte, que por la implantación de puntos públicos de recarga o electrolineras. Nos acostumbraremos a cargar nuestro coche en la oficina o en el propio hogar (algo cada vez más fácil) o, gracias a los tiempos de carga cada vez menores (el Citroën C-Zero tarda media hora en cargarse al 80%), mientras hacemos la compra o tomamos café.

En este sentido, preocuparte de tu coche eléctrico será más parecido a cargar un móvil que a buscar una gasolinera donde repostar. Algo que se está acentuando con la incorporación de los millenials al mercado, ya que estos se muestran más favorables aún a la compra de vehículos eléctricos. Compactos urbanos con precios económicos, fáciles de conducir y con numerosas opciones de conectividad, se ajustan como anillo al dedo a la cultura y estilo de vida de los más jóvenes.

El coche eléctrico como alternativa para todos

La llegada de las nuevas generaciones de conductores servirán también para impulsar sectores. Es el caso del carsharing o coche compartido (no confundir con las plataformas de carpooling para compartir gastos de viajes), que ya se puede utilizar en algunas ciudades españolas pero que ganarán más protagonismo a medida que los más jóvenes impongan su cambio de mentalidad con respecto a la movilidad: más formas de movilidad y menos vehículos en propiedad. Y ya hemos hablado de la importancia del carsharing para la industria de la automoción, en la medida que supondrá el primer contacto para muchos con un coche eléctrico.

La importancia de los compactos urbanos no acaba ahí; modelos como este se ajustan a la perfección al concepto de segundo vehículo para la familia. Cada vez es más normal que ambos cónyuges trabajen y deban desplazarse a diario a lugares distintos o que también los hijos necesiten un primer coche para ir a la universidad. En este contexto, la alternativa al vehículo familiar donde pueden ir todos juntos de viaje, está en un segundo coche más pequeño, una motocicleta o una bici en el caso de los más jóvenes. En ese sentido, un modelo como el C-Zero, compacto y fácil de conducir, facilita que este segundo vehículo sea un coche eléctrico.