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Gobiernos de todo el mundo reconocen y asumen la importancia de reducir las emisiones de efecto invernadero con políticas que tratan de fomentar el uso de energías renovables e industrias más respetuosas con el medio ambiente. En las ciudades, la movilidad sostenible se alza como medio para conseguir un aire más limpio y ayuntamientos e instituciones locales se han puesto en marcha con medidas para ver resultados en corto plazo.

Estas medidas incluyen la conversión de las redes de transporte público (sobre todo con la sustitución de autobuses de combustión por modelos eléctricos), y también las restricciones de acceso y circulación a los vehículos particulares más contaminantes. Sin embargo, la transformación debe ser más proactiva que reactiva; los ciudadanos, como usuarios del vehículo particular, deberíamos contemplar la movilidad eléctrica como una opción más, por sus ventajas.

El vehículo eléctrico cuenta con indudables ventajas; y las barreras tecnológicas precias (autonomía, tiempos de carga, etc) están cayendo poco a poco. Sin embargo, uno de los mayores obstáculos para adoptar la movilidad eléctrica son nuestros propios hábitos y prejuicios. Al igual que terminamos por acostumbrarnos a cargar nuestros teléfonos al menos una vez al día o a conducir con marchas automáticas, debemos acostumbranos a las pecualiaridades y diferencias (que no problemas) que plantea el coche eléctrico.

La autonomía dejará de ser importante

El gran prejuicio que tenemos con el vehículo eléctrico es su autonomía, los kilómetros que podemos recorrer antes de tener que parar a recargar en algún punto de carga. Y el principal motivo de este prejuicio es sencillamente porque tenemos al vehículo convencional como primera y principal referencia. A pesar de que la autonomía de un vehículo eléctrico es más que suficiente para nuestro día a día (hacemos unos 30 kilómetros al día) aún quedan algunos años para que pueda igualar los kilómetros que puede circular un vehículo de combustión sin repostar.

Un fenómeno asociado al coche eléctrico es el llamado “range anxiety”, el estrés causado por el miedo a quedarnos sin batería. Como consumidores, la aversión a lo que podemos perder (la autonomía de nuestro coche de siempre) pesa más que cualquier ventaja que nos pueda aportar un coche eléctrico. Y se acentúa cuando existe una falta de experiencia y de información del consumidor sobre este tipo de vehículos, para que pueda contrastarse con la del coche convencional. Es por decirlo de alguna manera, miedo a salir de nuestra zona de confort.

Por todo ello están siendo muy importantes las iniciativas por parte de instituciones y fabricantes para acercar el coche eléctrico al público. Desde las demostraciones en ferias de movilidad, hasta el propio carsharing, todas son buenas oportunidades para probar la experiencia.

Así, la gran solución pasa por un lado por aumentar las fuentes de informaciónsobre los beneficios y ventajas de la movilidad eléctrica; y por el otro por poder tener experiencias al volante de un coche eléctrico. Así se consigue eliminar el miedo a quedarnos sin batería en mitad de nuestro trayecto.

Cargar y repostar serán cosas muy diferentes

Otro mito importante sobre el coche eléctrico es que no existirá la infraestructura de carga suficiente para que podamos circular con garantías. En este sentido, como nuevamente tenemos el vehículo convencional como referencia, tendemos a pensar que deben existir tantas estaciones de carga como gasolineras ; la denominación “electrolinera” surge precisamente de tratar de llevar el concepto del mundo del combustible al eléctrico. Pero la realidad es que con el tiempo podremos disponer de puntos de carga en sitios muy diferentes, desde nuestro propio hogar hasta nuestra oficina, el supermercado al que vamos a hacer la compra o la cafetería donde paramos a tomar un café.

Es cierto que actualmente no contamos en España con una red de puntos de carga muy extensa, pero poco a poco hay cada vez más posibilidades y tenemos más flexibilidad para recargar nuestro coche eléctrico, en buena parte gracias a plataformas colaborativas y de economía circular como Electromaps o Charge and Parking.

Sucede algo similar con los tiempos de carga; como estamos acostumbrados a repostar en apenas dos o tres minutos, queremos que un coche eléctrico tarde lo mismo en cargarse al cien por cien. Ello plantea una doble contradicción: Por un lado, para comparar tomamos el tiempo de carga al cien por cien de un modelo eléctrico, cuando mucha gente realmente nunca llena al completo su depósito de combustible. Por el otro, todo lo que sea cargar un coche eléctrico durante más de media hora nos parece muchísimo tiempo de espera; pero realmente ese tiempo (o un par de horas), es más que asumible si cargamos el coche durante la noche, en la jornada laboral o mientras hacemos la compra.

Para librarnos de parte de estos prejuicios, basta con que hagamos el ejercicio de echar una ojeada a la red de recarga de nuestra ciudad. Páginas como Electromaps o Charge and Parking nos puede ser de gran utilidad para ello; seguro que encontramos más puntos de recarga de los que nos imaginamos. En este sentido, las instituciones pueden ayudar mejorando la visibilidad de los puntos de carga existentes en su núcleo urbano, y aumentando la información sobre los tipos de carga (convencional, semi-rápida, rápida…) y de conectores (Mennekes, Scame, CHAdeMO…).

El coste de un coche no será su precio de compra

Otro factor donde tenemos que cambiar nuestra forma de pensar es en el precio y el coste de comprar un coche eléctrico. Aunque ya contamos con modelos como el Citroën C-Zero, con precios realmente competitivos (menos de 20.000 euros), es cierto que los vehículos eléctricos son, de media, más caros que los de combustión. Estudios afirman que no será hasta 2025 cuando los precios de venta de unos y otros no serán parejos.

Sin embargo, ya hemos hablado de que el mayor precio de los coches eléctricos es compensado con el ahorro en combustible (en torno a 70€ al mes según casos) y el menor mantenimientoun coche eléctrico tiene en torno a 1.000 piezas menos, y desaparecerán componentes como el aceite del motor o de la caja de cambios, el filtro del carburante o la correa de distribución. Así, la diferencia entre un eléctrico y un convencional del mismo segmento y gama puede quedar amortizado en cuatro años.

Como compradores, tendemos a pensar a corto plazo a la hora de asumir nuestros costes. En este sentido pesa más el mayor precio de compra de un coche eléctrico que el ahorro que nos puede suponer a lo largo de su vida útil. La desinformación aquí juega también en su contra; mucha gente piensa que un coche eléctrico es más costoso de mantener y se estropea con más facilidad sólo por el hecho de usar una tecnología más reciente.

Piensa como un profesional del transporte

El gasto de electricidad es también uno de los puntos “débiles” en torno al coche eléctrico. Mucha gente piensa que por recargar el coche en casa, la factura de la luz se disparará; y es cierto que aumentará el consumo de electricidad en casa. Pero para ser justos debemos comparar el gasto energético de un coche eléctrico (menos de 2 euros por cada 100 kilómetros) no con la factura global de casa, sino con lo que nos gastábamos en combustible con nuestro coche convencional (entre 8 y 10 euros por una distancia similar).

Así pues, vemos que a la hora de valorar la compra de un vehículo eléctrico, debemos pensar a largo plazo. La clave está en considerar todos los gastos soportados a lo largo de la vida del vehículo, desde el momento de compra hasta su transmisión. En este sentido, debemos pensar como lo haría un taxista o un transportista; este tipo de profesionales sí están más acostumbrados a calcular los gastos asociados al uso de su vehículo a lo largo de los años, pues repercuten directamente en su trabajo. Nosotros podríamos hacer lo mismo, pues influirán de la misma manera en nuestra economía doméstica.

Como vemos, adoptar el vehículo eléctrico como principal forma de transporte requerirá de nosotros ciertos cambios en nuestra manera de concebir un coche. Las ventajas son más que evidentes, las barreras técnicas van cayendo poco a poco. A buen seguro será un cambio sin esfuerzo; como ocurrió con la llegada de los electrodomésticos, de internet o del smartphone, un buen día nos daremos cuenta de que el coche eléctrico se ha instalado de lleno en nuestras vidas.

Imágenes | Citroën | iStock/Scharfsinn86 | Cunaplus_M.Faba | Artem Bragin