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Aventurarse a la compra de un coche eléctrico, en un principio, plantea muchas dudas al conductor medio. A pesar de ver cómo el parque automovilístico evoluciona en este sentido, muchos aún afrontan esta situación como un cambio bastante significativo de sus hábitos al volante.

Hoy en día existen algunas barreras que, aunque poco a poco van resquebrajándose, aún deben superarse ofreciendo oportunidades que garanticen una mayor confianza en el cliente, para impulsarle su decisión por el cambio al eléctrico. La infraestructura necesaria para el incentivo de estos modelos, su autonomía y su precio, son algunos de los puntos de incertidumbre en los que desde ya se está trabajando. Pero, poco a poco, los usuarios comienzan a evaluar su rentabilidad y a situarlo como un producto más accesible que les puede aportar enormes ventajas a medio y largo plazo. Y tú, ¿eres de los que se atreve a dar el salto al eléctrico?

¿Cambiará mi estilo de conducción?

Esta claro que, como cualquier otro cambio, el coche eléctrico requiere de un periodo de adaptación en el que el conductor debe aclimatarse a una conducción sostenible, más ligera y con una serie de costumbres nuevas que debe ir haciendo suyas. En primer lugar podríamos hablar del ruido. El vehículo eléctrico es un vehículo silencioso y limpio que favorece una mayor calidad de la conducción, con una suavidad en la dirección que llama la atención de todos… menos de los peatones.

A partir de 2020, el Departamento de Transportes de Estados Unidos obligará a todos los vehículos eléctricoscon un peso bruto inferior a 4.500 kg a emitir un sonido de advertencia para avisar a los viandantes, siempre y cuando se esté circulando a una velocidad inferior a 30 km/h. Se considera que por encima de esta velocidad, el rozamiento de los neumáticos con la calzada y el ruido aerodinámico son suficientes para advertir su presencia en la vía. De esta manera se intentará reducir el riesgo de atropello por error humano, principalmente en entornos urbanos, circunstancia que con los vehículos convencionales no ocurre tan a menudo, debido al ruido de su motor.

El vehículo eléctrico deberá hacer ruido para prevenir al resto de usuarios de su presencia en la vía

Por otro lado, algo ha cambiado en la caja de cambios: desaparece. A diferencia de lo que ocurre con los motores térmicos, los eléctricos no requieren de una caja de cambios dada su enorme amplitud en el rango de velocidad de giro, que se cubre perfectamente sin necesidad de cambiar de marcha.

Esto quiere decir que el motor eléctrico tan solo dispone de una velocidad, que podría ser equivalente a la quinta marcha en los térmicos, pero que además no necesita embrague ni un sistema de marcha atrás, el cual se produce gracias a un inversor de corriente. Sí, deberás adaptar tu estilo al volante pero —de nuevo— sí, merecerá la pena.

¿Cómo afectará a mi bolsillo?

Como comprador siempre has de evaluar qué impacto tiene a nivel económico la decisión de decantarte por un eléctrico. Por suerte, en la actualidad todos los caminos están encauzados para fomentar las ayudas a la compra del eléctricogracias al compromiso medioambiental de ayuntamientos y gobiernos con la contaminación de nuestras ciudades. El Plan Movea, que evolucionó en el Plan MOVALT de 2018, han sido los primeros programas de financiación a la compra de este tipo de vehículos y, aunque tuvieron gran éxito, resultaron insuficientes para la demanda total.

Existen ventajas en el coste de recarga y ayudas económicas a la compra, como el nuevo Plan VEA

A mediados de este año, hacia el mes de junio, el nuevo Plan VEA ofrecerá una partida de 16 millones y medio de euros para impulsar la compra de Vehículos de Energías Alternativas. Estar atento y pendiente de estas ayudas será indispensable si quieres tener posibilidades de ponerte el primero en la cola.

¿Y combustible? Aunque bien es verdad que la electricidad en España es cara respecto a Europa, si te decides a instalar un punto de recarga en tu domicilio verás como el ahorro será mayor que en los puntos públicos. La instalación en tu garaje puede variar entre los 500 y los 1.000 euros, pero hasta ahora el Plan MOVALT contemplaba ayudas para ello, ojalá el Plan VEA también colabore con esta subvención. Con respecto a los seguros, los gastos en este sentido no difieren demasiado respecto a un coche tradicional.

Como podemos comprobar las ventajas económicas son grandes y diversas, algo que ya se refleja en los datos de compra de los españoles: el 57% estaría decidido a dar el salto al eléctrico o híbrido, y los que aún se muestran reticentes lo son principalmente por su precio.

¿Dónde es posible recargarlo?

Esta es otra de las grandes incertidumbres que trae consigo el vehículo eléctrico. Cabe decir que las opciones de carga se están extendiendo progresivamente por todo el territorio español, aunque debemos comprobar qué accesibilidad tendremos a ellos antes de aventurarnos a adquirir un vehículo de estas características. Actualmente nuestro país dispone de unos 1.500 puntos de recarga rápida y semirrápida exteriores repartidos por estaciones de servicio, aparcamientos, autopistas y lugares de ocio, aunque esta opción resulta algo más costosa.

Tener un punto de recarga en nuestro domicilio será lo más práctico pues, como hemos visto, la instalación de las llamadas “bases murales de carga” resulta sencilla y tan sólo necesitamos de una toma eléctrica, que suficiente para recargar el vehículo entre 4 y 10 horas. Si el garaje es colectivo no necesitamos pedir permiso, pero sí informar debidamente al presidente o administrador de la comunidad para realizarlo con un instalador electricista autorizado, siguiendo la normativa vigente.

Gasolina, diésel o eléctrico. ¿Cómo puedo decidirme?

Los vehículos eléctricos están acaparando todos los focos en un escenario en el que se sitúan como alternativa real a la gasolina y el diésel, que ven cómo su predominio se va perdiendo paulatinamente. Como hemos comentado previamente, circular con un coche eléctrico cuesta cerca de cinco o seis veces menos que viajar en uno de combustión (en función de qué comparación hagamos y con qué vehículo en concreto), algo que cada vez está convenciendo a más gente.

Desde el 2007, el interés de los consumidores por el eléctrico crece hasta alcanzar a los vehículos tradicionales

Hay quienes ya están inclinándose por combustibles más sostenibles como el Gas Natural Comprimido (GNC) o el Gas Licuado de Petróleo (GLP), que también ofrecen ahorro y menos contaminación, aunque el eléctrico mejora aún más la calidad del aire que respiramos y es la opción más demandada, especialmente, por sus beneficios en la circulación por los grandes núcleos urbanos, como es el aparcamiento gratuito. La revolución eléctrica está llegando y, aunque la gasolina sigue ganando el duelo (37%), estas nuevas opciones aumentan sus porcentajes en las preferencias de los consumidores hasta el 36% entre híbridos y eléctricos.

¿Tiene autonomía suficiente?

Un considerable porcentaje de consumidores se hacen esta pregunta y dudan sobre qué distancias podrán recorrer con un vehículo eléctrico. Las grandes marcas están trabajando en ello para obtener una mejora significativa en uno de los aspectos que más preocupa a los conductores españoles, para aumentar la autonomía ofreciendo vehículos eléctricos más competitivos.

Hoy en día esta suele ser de entre 150 y 300 kilmetros, lógicamente una capacidad que no permite aún grandes trayectos que no supongan detenerse a recargar, pero para cubrir la distancia diaria en trayectos urbanos o periféricos resultan más que suficientes.

En el caso del Citroën C-Zero, un modelo urbano pero que no reniega de salir a la carretera, su autonomía ronda los 150 kilómetros por carga, muy útil para cubrir nuestro día a día sin pasar la menor preocupación. Al llegar a casa podemos dejarlo cargando, sencillamente como hacemos con nuestro dispositivo móvil. Este modelo puedes encontrarlo por 18.990 euros, o 130 euros al mes, con el Plan Movalt by Citroën y la financiación de PSA Finance.

¿Es necesario un mantenimiento permanente?

Esto tiene una fácil explicación. En el coche eléctrico no hay cambios de aceite o filtros, no se deteriora el embrague o la caja de cambios, no se puede romper la correa de distribución, sencillamente porque no dispone de estos elementos. Por lo tanto, aunque requiere de cierto mantenimiento, es mucho más barato que el de un coche tradicional, ya que tiene hasta un 60% menos de piezas. Otros componentes que se mantienen en ambos modelos, por ejemplo, las ruedas, soportarán los mismos costes a los que estamos acostumbrados.

La parte fundamental y más importante del coche eléctrico es la batería, pieza que, aunque pase lo que pase siga funcionando, puede ir perdiendo capacidad a lo largo de su vida útil (se estima que del orden de un 20 o 25% de pérdida aproximadamente y en el peor de los casos), además, resulta costoso recambiarla.

En cualquier caso, según las estadísticas de Audatex España tras su estudio “El Coste de Reparar”, el precio de mantener un coche de gasolina teniendo en cuenta las reparaciones que requiere en todos sus años de vida, es un 56% más caro que el de un coche eléctrico.

Todavía queda un largo camino que recorrer, con muchas dudas aún por resolver, pero el comienzo de los eléctricos en la actualidad ha propulsado la idea de un futuro en el que la circulación y la responsabilidad medioambiental vayan de la mano. Los conductores son conscientes de que el primer paso es atreverse a dar el salto.

Imágenes | Citroën España